El Sueño del Trovador
* Humanismo mágico *
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Bitácora del Sueño
Este viaje cuenta con distintas paradas: posadas, refugios y hogueras de fortuna
que irán trazando el mapa sonámbulo del Sueño.
Son:
Cosas que (a)prendimos en el fuego
Reflexiones íntimas sobre lo que duele, confronta, e ilumina
El rey desnudo
Cuentos, críticas y sátiras sobre el mundo contemporáneo
(atemporales en realidad)
Luces del camino
Conversaciones con maestros, referentes y cómplices que inspiran, enseñan, conmueven…
Sentidos de vida
Tributos a figuras que desafiaron, alumbrándolo
–de forma auténtica, muchas veces solitaria–,
su propio laberinto, y en consecuencia el del mundo
Canción Sonámbula
Poemas, canciones y leyendas del camino
Las máscaras de Dios
Exploraciones personales sobre filosofía, metafísica y espiritualidad
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(En más de un sentido, este espacio es una revitalización, amplificada en forma y fondo,
del blog que iniciara hace ahora veinte años,
La Vela y el Vendaval
(2006-2020)
Bitácora íntima, escrita regularmente durante los primeros diez años,
su última señal data de abril de 2020.)
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Las razones del Sueño
(brújula y horizonte)
Creo, como el historiador de la ciencia y humanista David Fideler, que la transformación (sanación) a que están llamados el individuo y el mundo actuales pasa inevitablemente por “restaurar el alma del mundo”: la consciencia de sabernos partes indisolubles de un todo orgánico que ni empieza ni termina con nuestras fugaces vidas humanas.
Creo que siglos de oscurantismo religioso de todo tipo usurparon y ahuyentaron a la gente de su legítima búsqueda espiritual; dando lugar, estos siglos últimos, al consecuente oscurantismo ultra racionalista, igualmente azuzado por quienes tratan de mantener un rebaño temeroso, obediente y sedado: muertos los paraísos del “más allá”, no cabía sino inventar los paraísos materialistas (“Si no lo veo, no lo creo; si no lo creo, no existe”) que prometen la felicidad por la vía de conseguir y aparentar cosas –posesiones, “éxitos”, satisfacciones inmediatas…–, que apenas alivian por un rato la angustia del vacío interior. Un vacío, escandalosamente normalizado, que algunos dieron en llamar, acabada la II Guerra Mundial –los rescoldos de la fe occidental yacían calcinados en Auswitzch–, “el absurdo”.
Ese absurdo, llevado al extremo en las últimas décadas, ha dado lugar al pueril laberinto narcisista de las sociedades actuales, basadas en la evitación de los conflictos internos que más se temen –pero que ocultan, irónicamente, la salida de ese mismo laberinto–. Transmutar el laberinto en horizonte pasa por la liberación, y la alegría, de reconocer de una vez que somos almas en la Tierra viviendo una aventura; no máquinas con ensamblaje de carne transitando absurdamente “de lo oscuro a lo oscuro”.
Creo asimismo que ese proceso comienza por lo que el psiquiatra Erich Fromm llamó “volver al amor”, en el sentido más profundo, verdadero y radical del término. También por lo que ya aseverara el revolucionario de la psicología Carl Jung –hijo revoltoso y pródigo de Freud–: “Si el inconsciente no se hace consciente”, siempre seremos marionetas; esclavos de los impulsos, pensamientos y emociones más primarios e infantiles. (Si uno no se explora y conoce a sí mismo, jamás disolverá el ilusorio teatro de sombras de la caverna de Platón, donde vivirá maniatado sin saberlo.)
Estoy convencido, como ya dijera el poeta místico Rumi hace ahora ocho siglos, de que la herida (del centauro de Quirón) es la grieta por donde acaba entrando la luz: que el propósito último del dolor es despertarnos del letargo (suicida) que nos impide llegar a vivir del todo. Y que sólo así evitaremos a la postre –aquí recuerdo al nómada David H. Thoreau– el verdadero drama de llegar al final de la vida y darnos cuenta de que en realidad no la hemos vivido en absoluto.
La monja budista norteamericana Pema Chödrön lo resumió así:
“Sólo en la medida en que nos exponemos una y otra vez a la aniquilación
podemos hallar en nosotros aquello que es indestructible”.
Quien lo probó (a Hades-Plutón) lo sabe.
Al mismo tiempo sostengo –como el equívoco y necesario Osho– que cierta rebelión gamberra contra todo dogma, autoridad y presunto Principio Intocable no es sólo sana sino imprescindible. En primer lugar, para no olvidar que la única soberanía reside en el alma de cada cual, y que recuperar el poder interior pasa por no delegarlo en ningún agente externo, sea quien sea y lo que sea. También considero vital la risa para no tomarnos demasiado en serio; ni a nuestros siempre limitados puntos de vista, ni a la existencia en sí. Sospecho cada vez más (el risueño y libertario Allan Watts lo insinuaba siempre) que todo este teatro que llamamos vida sólo será, a la postre, una gigantesca y espléndida carcajada. “Sólo un truco”, como recordaba el dandi Gambardella al final de La gran belleza.
…Sólo un juego del inconcebible Juglar Desconocido:
jugando al escondite consigo mismo, y nosotros en él, con un propósito que jamás llegaremos a comprender del todo aquí… Porque, si se supiera el truco, ya no habría juego;
ni canción, ni novela, ni aventura.
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“Me sentenciaron a veinte años de aburrimiento
por intentar cambiar el sistema desde dentro.
Ahora vengo a recompensarles…”
(Leonard Cohen; First we take Manhattan)